10.9.15

NO HAY NADA DE ROMÁNTICO EN BUENOS AIRES


¿De qué va? Luego de la muerte de su padre y el fin de un romance, Eduardo se va a vivir a España. 

Podría decir mucho más pero vamos por parte. La base de la historia es esa básicamente. 
Cuando comencé a leer No hay nada de romántico en Buenos Aires lo primero que pensé fue: "tengo que hacer un post sobre este libro". Creo que después de pasar la mitad regulé. En el final volví a dudarlo y, a pesar de todo, acá estoy. 
Una de las primeras frases que me llamó la atención en el primer capítulo fue: "¿Puede una historia de amor acabar con la vida de sus protagonistas sin que estos lo adviertan?" Y un poco la historia ronda con la posibilidad de contestar esa pregunta. 

La novela va y viene en el tiempo. Por momentos, sobre todo cuando la historia avanza, tenés que estar atento. A mi me pasó de perderme, de no entender si lo que estaba leyendo se trataba del presente o del pasado. 

Eduardo comienza contando acerca de su relación con Isabel. Habla de una especie de frustración porque Isabel jamás será Josefina. Ninguna mujer será nunca Josefina. Josefina es el amor de su vida. Es ese amor por el que todos alguna vez atravesamos y no podemos soltar, siempre está latente. 
Tras la muerte de su madre, Eduardo, vuelve a Argentina. Dejando un poco atrás aquella España donde buscó refugio para escapar de su vida. Para ser un completo desconocido.
Al volver, se reencuentra con su pasado, sus cosas, sus sentimientos, sus recuerdos. El libro va y viene en el tiempo, por lo que (como dije antes) debemos estar atentos para no perdernos en el espacio temporal.

A pesar de todo, un libro que te arranca sonrisas en el subte, en la calle, en la clase de danzas mientras esperás a tu hija no puede ser malo. 

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