2.6.14

"TEJIENDO SUEÑOS" LO NUEVO DE PATTI SMITH


Comenzamos una semana sabiendo que Patti Smith está de regreso en el mundo de las Letras y nos gusta.
Una vez más nuestra amada Patti nos abre las puertas de su vida y nos narra su historia de una manera poética solo como ella lo sabe hacer.
Respecto de este libro dijo: "Alguien me preguntó si Tejiendo sueños podía considerarse un cuento de hadas. Siempre me ha encantado ese tipo de historias, pero no creo que lo sea. Todo lo que contiene este librito es cierto, y tal como está escrito ocurrió. Escribirlo me arrancó de mi extraño letargo y espero que en alguna medida llene al lector de una vaga y curiosa alegría".
Les dejo la primera parte del libro para que vayan calentando motores.


Una llamada

Siempre imaginé que escribiría un libro, aunque fuera pequeño, que transportara a un reino imposible de medir, incluso de recordar.

Imaginaba muchas cosas. Que brillaba. Que era buena. Que vivía sin sombrero en la cima de una montaña haciendo girar una rueda que a su vez hacía girar la Tierra, y que, invisible entre las nubes, yo tenía alguna influencia, era de alguna utilidad.

Deseos curiosos que, como plumas en el aire, volvían ligeros los miembros de una niña espigada y taciturna que apenas era capaz de impedir que sus calcetines cortos de saparecieran dentro de sus zapatones.

Todos mis calcetines estaban deformados, tal vez porque a menudo los llenaba de canicas. Los cargaba de ágata y de acero, y me iba. Aquello se me daba bien, y podía derrotar a cualquiera que tuviera alrededor.

Por la noche vaciaba el botín encima de la cama y frotaba las canicas con una gamuza. Las ordenaba por colores, según sus cualidades, y ellas solas se reordenaban de nuevo..., pequeños planetas brillantes, cada uno con su historia, sus ansias de oro.

Nunca tuve la sensación de que esa facilidad para ganar a las canicas viniera de mí. Más bien pensaba que estaba en el objeto en sí. Un talismán que cobraba vida cuando yo lo tocaba. Así, encontraba magia en todo, como si todas las cosas, toda la naturaleza llevara la impronta de un genio.

Había que ir con cuidado, había que ser sagaz. Porque los sagaces pueden capturar algo lejano y hacerlo suyo.

Y el viento levantaba los bordes de la tela que cubría mi ventana. Allí hacía yo guardia, alerta a lo pequeño, que bajo la mirada atenta fácilmente se volvía monstruoso y bello.

Observaba, calculaba y, de pronto, ya no estaba allí: era un caprichoso planeador revoloteando de campo en campo, inconsciente de mis torpes brazos o de mis calcetines rebeldes.

Me iba y no se enteraba nadie. Porque para todos yo seguía entre ellos, en mi pequeña cama, ensimismada en algún juego de niños.

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