25.1.14

5:15 A.M.

"Ventanas blancas, ay que venga la mañana" me canta Devendra desde mi reproductor de música. "Esperando así es que yo paso mi tiempo". Definitivamente siento que me habla a mi, ¿a quién más? Me pide que lo ayude. Devendra, yo no puedo ayudarte, perdón.
Hace apenas media hora se fue a dormir mi hija. Yo estoy cansada, me duele un poco la espalda. Hoy trabajé quizás un poco más que todos los días, pensé en que pronto vuelvo a cursar, eso me tiene ansiosa. 
Estoy cansada pero necesitaba ponerme los auriculares en los oídos y escuchar música fuerte. Escuchar a Devendra.
Acabo de terminar de ver sus fotos, a veces lo extraño, otras veces me olvido y otras veces sencillamente lo llevo conmigo a cada rincón en cada momento. A veces me pregunto como es que no volvimos a vernos, otras veces prácticamente no pienso *siento*. 
Ay, Devendra, sos nuestro lazo rojo.
Ya es sábado, no me gustan los fines de semana debo confesar. No me gustan desde que terminé el colegio porque a partir de ahí los días me dan lo mismo. Si quiero vivir no me importa que no sea sábado y que sea miércoles. Los días son solo días, cada día llevan nombres distintos pero no hay diferencia. Quizás algunos pesan más que otros o no, pero todo es lo mismo.
Y de repente recuerdo que un sábado fue el día que me enamoré por primera vez de alguien y quizás para siempre. Y un sábado fue el día que me rompió el corazón y no volvimos a hablar nunca más. Quizás es por eso que no me gustan los sábados, aunque no creo en realidad que sea ese el motivo.
Un sábado también fue el día en que conocí a la última persona que quise y en verdad no se si realmente existe o fue mi sistema operativo que llegó a mi vida con el fin de hacerme entender que todavía se puede. 
Todavía se puede amar, todavía se puede sentir, todavía se puede desear. Amar, sentir, desear son palabras tan fuertes pero nunca tan fuertes como eternidad. Para siempre, para toda la vida ¿acaso existe la eternidad?
Una tarde, yo era chiquita y en la tele daban unos capítulos de La Bella y La Bestia pero en serie, con humanos. En un capítulo un tipo se caía en un pozo infinito, y la Bestia decía que iba a estar cayendo por toda la eternidad y desde ese día no puedo borrar de mi mente esa imagen y recordar que en algún pozo hay alguien que esta cayendo por todo la eternidad.
Por momentos me gusta pensar que el amor está más cerca de lo que yo imagino y en realidad quiero que se aleje, no quiero verlo, quiero escupirle en la cara y decirle que se vaya. No me interesa, lo detesto.
Otras veces lo amo y le quiero escribir canciones, y lo quiero invitar a caminar de la mano, quiero que veamos películas de Wes Anderson juntos, quiero reírme de un chiste o de la nada misma. Hay veces que es más fuerte que yo querer sentir ese amor que alguna vez se fue de mi para entender que en realidad no se fue a ningún lado.
¿En qué estaba? ¿Qué quería contarles?
Ah si, todavía sigo escuchando a Devendra. Esta vez me canta con su novia, me hace mover la cabeza mientras escribo, me hace recordar un bar, un momento con un amigo, unas de esas noches que queres que se repitan siempre. Tranquilidad, filosofía.
Pero bueno, me tengo que ir a dormir porque hoy es sábado y algo hay que hacer los sábados ¿qué? ¿Conocer amores de la vida? No no. No lo se aún, pero hay que salir, como siempre, como todos los días.
Tengan hermoso día. 



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